DEL CONCEPTO AL TEXTO
El término arte conceptual nombra las prácticas que van más allá de la imagen operando sobre la concepción misma del arte. Ese más allá incluye las resonancias de la obra en el cuerpo, en tanto el cuerpo está atravesado por la cultura. También incluye los mecanismos simbólicos que determinan las convenciones que organizan nuestro mundo. Pero el término perdió fuerza porque el mundo sigue su curso y el arte ha quedado subsumido en esa marcha atontada. El mercado se apropió del término para promover el valor de un producto relacionándolo con significados valiosos para los consumidores.
Pero como el valor intrínseco de la obra era mantenerse al margen cuestionando los otros valores todo terminó mezclándose.
El aporte duchampiano fue mostrar que la imagen misma está inserta en una trama simbólica que es verdaderamente el campo donde se opera.
Esa trama simbólica fue condensada por la semiótica con la noción de texto.
Así se puede considerar como un texto cualquier producto que se ofrece en la cultura y está codificado semánticamente.
Esta novedad fue luminosa para mí porque me permitió tomar como soporte cualquier cosa que estuviera sobredeterminada semánticamente: el paisaje, por ejemplo. O ciertas prácticas sociales, tal como sucedió con lo que llamé intervenciones comunitarias (enlace).
Pero, además, y en tanto esa codificación opera sobre la lectura de la obra, me permitió encontrar el camino a la escritura, forma canónica del texto. Así pude ampliar la práctica a la crítica y el ensayo y, más tarde, a la poesía y la ficción (enlaces). En este camino escribí muchos artículos que quedaron plasmados en el libro Partes del Arte, ganador del fondo editorial provincial en el año 2013 y donde se registran los cambios operados en la región patagónica desde mediados de la década del noventa hasta mediados de la década siguiente. En esos diez años fui juez y parte. También publiqué Pasos Encontrados, con la editorial Jornada, un intento de tomar la caminata, una práctica bien patagónica, como soporte de la obra. Me basé en la literatura de viajes cuya matriz sigue presente entre nosotros. Después vino Matilde, la primera novela, cuentos, otras dos novelas y textos varios que siguen sin publicar.
Mi curiosidad omnívora pudo darse un banquete.